Fórmula 1

miércoles, 2 de junio de 2010

Nacimiento

Hace un año, escribí un borrador que nunca fue publicado en este, nuestro blog. Ahora, y con motivo del primer cumpleaños de mi hija Sara, me he decidido a publicarlo. No trata de velocidad, gasolina o neumáticos, pero espero que os guste:


Hola amigos.

El día 2 de Junio de 2009, en el hospital de Majadahonda, a las 4:03 de la mañana, se produjo el nacimiento de Sara, ¡MI HIJA SARA!. Que a continuación paso a relatar:

Comenzamos la aventura a las 6:00 de la mañana del 1 de Junio, cuando dijo Paloma, ¡hay, que viene!, yo corría por la casa como un pollo sin cabeza, buscando las llaves del coche, la maleta, etc...

Nos montamos en el coche, salimos de Collado Villalba y cuando estamos en la A6, pregunto a Paloma, ¿La carpeta azul con todos los papeles del embarazo?, ¡DIIIIOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!, vuelta para casa. Por cierto, luego no nos hizo falta para nada.......

Aparcamos en la zona de urgencias del hospital de Majadahonda y al poco tiempo Paloma había pasado a la zona de partos y yo esperando en esta sala:



TIC TAC, TIC TAC, TIC TAC...............................
Un buen rato después, sale Paloma, andando tranquilamente y suelta:

- Falsa alarma, no he dilatado, me ha dicho el médico que me dé un paseo de dos horas (parece ser que eso ayuda) y que vuelva.
- Joder con la falsa alarma, ni la de los misiles de Cuba en 1962......

Nos damos un paseo por el hospital, desayunamos y dos horas después, volvemos a la consulta, donde tras un rato de espera nos dicen que nos vallamos para casa y no volvamos hasta que las contracciones no sean cada tres minutos durante al menos una hora.

Ya en casa, Paloma se mete en la cama con muchos dolores de parto y yo, cual un patrón de escudería de F1, cronómetro en mano, medía el tiempo entre contracción y contracción como si de vueltas rápidas se tratara.

- [Paloma]. Ay, Ay, Ay....
- [Pablo]. ¿Ha sido una contracción?.
- Si.
- 4:32
.
.
.

Sobre las 19:00 y dado que las contracciones se repetían cada tres minutos, decidimos regresar al hospital, esta vez de manera más tranquila. Entramos y como siempre yo me quede esperando. Al rato, me llaman para que entrase en la sala de parto, pues aunque no había dilatado lo suficiente, la provocarían el parto con una inyección de citosina. El parto había comenzado!!!.

La sala de parto tenía una cama de hospital, que habría hecho las delicias de Torquemada, pues tenía todos los accesorios necesarios para arrancar del más pintado cualquier tipo de confesión. Entre la cama y un gran ventanal, estaba mi sitio, una silla de hospital reclinable rompe espaldas. Y como accesorios de decoración, todo tipo de artilugios médicos, incluida una cuna con rallos UVA, supongo que para poner morena a la criatura antes de presentarla a los abuelos.

Paloma estaba tumbada en la cama y yo en la butaca. Durante mucho rato, solo tuvimos como compañía un cacharro que indicaba las pulsaciones de ella y del feto y sacaba un papel continuo con todos los datos, como en Hause. Una hora después, el cacharro comenzó a emitir incesablemente un pitido taladra tímpanos, se le había terminado el papel. Al rato, apareció la matrona Cristina, que cual departamento de soporte informático, cambio rauda y veloz el papel y el pitido ceso. Aprovechado, miró como marchaba el alumbramiento, seguía sin dilatar, por lo que decidió romper la bolsa para acelerar el parto. Se marchó.

En algún momento desde que rompieron la bolsa y que vinieron los médicos, enfermeras y demás, me quedé "algo" dormido y solo me desperté cuando los médicos se tropezaron con mis piernas...

-[Pablo] !eh!, ¿Qué pasa?.
-[Enfermero] ¡Que te has quedado dormido chaval!.
-[Paloma] ¡Este chico, se queda dormido en cualquier sitio!
-[Pablo] (dando un salto). ¿Qué hago?, ¿dónde me pongo?.

Todo había empezado....

Paloma estaba tumbada en posición de parto (espatarrada) y los médicos miraban, tocaban, median, en fin, hacían su trabajo.

En un primer momento, el estómago se me puso en la garganta y pensé que no podría aguantar, que me marearía y me iría al suelo.

Al rato, y después de refrescarme un poco en el baño, se me pasó y me puse al tajo, sudar y rezar, rezar y sudar, sudar y rezar.

Paloma empujaba como un portero de discoteca y Cristina, la matrona, dirigía la operación. Mi humilde misión en aquel entuerto, consistía en animar a Paloma diciendo, empuja, empuja, respira, respira, uf, uf, uf.

En un momento dado, Cristina me dijo; mira, está asomando la cabeza. Me asomé a aquel balcón formado por las rodillas de Paloma y una sábana blanca y pude ver por primera vez a Sara. Su cabezota con cuatro pelos apenas se distinguía, pero con cada empujón salía un poco más, hasta que la cabeza asomó completamente y al momento, todo su cuerpecito serrano salió como un pescado que se escurre entre las manos. Ahora puedo decir, un año después, que fue el momento más intenso de mi vida.

La dejaron unos instantes sobre la mamá, la limpiaron un poco y la pusieron sobre la mesa, bajo los rayos uva, donde la midieron, pesaron y marcaron con una pulsera de identificación.



¡Sara había nacido! y su historia comienza ahora...