Empezó la mañana con una serie de entrenamientos libres, no puntuables, en la que marqué el tercer mejor tiempo, por detrás de dos tipos de menos de 60 kilos…. A la hora de la verdad, en la ronda clasificatoria y eliminatoria (solo se clasifican 12 de 38), me tocó un kart de mierda, que mas tarde, en la carrera, le fue asignado al primer clasificado (El señor D. Asensi) y se retiró a la tercera vuelta diciendo, “menuda mierda de kart, no anda nada, es como un tractor, pá esto me retiro”. Pues bien, con esa tartana, hice un poco de mi magia, y después de un par de vueltas estratégicas, para calentar bien neumáticos y para asegurarme de no encontrar tráfico en la pista durante mi vuelta rápida, hice dos vueltas magistrales, de libro, en las que esa cafetera con ruedas que me tocó pilotar, por un rato, se sintió ágil, ligera y veloz acariciada por mis manos que la mecían cual una madre arrulla a su retoño. Conseguí clasificar en la última posición, a menos de dos décimas de los seis que me precedían.
Inicialmente aceleré a tope pensando en ganar un par de puestos antes de la primera curva, llegué a esta por fuera en última posición y gracias a una bonita maniobra, en la que comencé a trazar por el exterior y terminé en el interior, pude quitarme a dos pilotos. En esta primera vuelta, transitaba en cola de un grupo de tres coches que estaban muy ajustados, claramente podía ir mas rápido que ellos, pero según estaban las cosas, era muy arriesgado ir pegado al último para intentar adelantar, me separo y ¡PREMIO GORDO!, en una de las orquillas, el segundo del grupo al que perseguía se pasa de frenada, se come al primero que termina trompeado y el siguiente, como iba tan pegado se queda atascado. Puesto yo que iba atento y esperando esa situación, lo vi de lejos, busqué un pequeño hueco entre los coches estrellados y mientras el comisario de pista, con la bandera amarilla me hacía señas con grandes aspavientos para que aminorara la marcha, aceleré, sujeté el volante con cuatro dedos y pasé quirúrgicamente entre la maraña de coches, que bien, estamos séptimos en la primera vuelta. Las cinco siguientes vueltas fueron de tránsito y sin saberlo, se había retirado el que hizo la pole, estamos sextos. Sobre la vuelta siete, alcancé al siguiente coche, se resistió, si, pero de poco le sirvió. Tomé la curva de entrada a una de las rectas como solo los maestros son capaces; me separé unos metros de mi objetivo antes de la curva, para poder trazarla sin estorbos, la negocie comenzando por el exterior, pasando por el vértice y terminado rozando las ruedas en el exterior de la curva, había calculado tan exactamente el espacio y
Una bonita carrera.
2 comentarios:
Porras, ¡a mí también me han faltado esas cuatro vueltas de más!
¡Qué emocionante!
¡Bravo!
Ventur, cuando el Blog cumpla el primer centenario, serás el primero en recibir el regalo conmemorativo. Eso premiará tu fidelidad.
Publicar un comentario