No temáis queridos lectores por el título de este artículo. Soy completamente consciente de que siempre resulta duro escuchar eso de “la curva de la felicidad”, más aun en esta época del año, en la que los calores veraniegos nos obligan a quitarnos la camiseta en la piscina, playa y festivales rockeros.No temáis queridos amigos, pues hoy hablaré de eso, de “la curva de la felicidad”, en el sentido más estricto de la palabra. De una curva donde se alcanza la felicidad. ¡NO!, mal pensados, no estoy pensando en ese tipo de curvas, que por cierto, también se destapan en esta época del año, para deleite de muchos y sufrimiento del resto…
A tenor del tema que se trata en este blog, supongo que a esta altura de lectura, todos sabréis del tipo de curva al que me estoy refiriendo. Efectivamente, trataré de explicar como son y que me hacen sentir, mis tres curvas favoritas del circuito del que soy parroquiano, Soto del Real.
Las tres curvas en cuestión, están precedidas de una recta y son la curva de entrada en recta de meta, la curva de final de recta y la siguiente a esta. ¿Por qué son, precisamente estas tres curvas mis preferidas?, pues no lo sé, quizás porque combinan velocidad, frenada, emoción y una bonita orquilla de derechas (sin connotaciones políticas).
Todo empieza con una recta de unos 25 metros, que transcurre paralela a un pequeño camino de tierra, por el que los días de diario, hacen su particular peregrinaje unos camiones volquete, levantando un polvillo blancuzco que, dependiendo de la dirección y fuerza del viento, se posa imperceptiblemente sobre el circuito, haciendo que esa zona del trazado, sea particularmente deslizante. Pisando el acelerador a fondo en esta recta, los viejos neumáticos rojos y blancos, colocados en la parte externa de la curva de noventa grados que defiende la recta de meta, parecen acercarse vertiginosamente, como si quisieran abrazarte. Esos bonitos neumáticos, están colocados justo en el borde externo de la pista, lo que hace fácil caer en su amoroso abrazo. Justo en el instante, en el que sientes el aliento de los mencionados neumáticos, sujetas el volante con fuerza, frenas con decisión pero con tiento y sin torcer el volante, esperas y rezas por que las pastillitas de freno, empujadas por el líquido de frenos, apriete los discos y estos detengan el avance de las ruedas, cuando la velocidad es la adecuada, levantas el freno y te tiras sobre el piano interior, en ese momento, los neumáticos del exterior, parecen estar a un millón de kilómetros, pero en solo unas décimas de segundo y dependiendo de lo bien que traces la curva, se colocan a unos centímetros de la rueda delantera izquierda. Como me dijo alguien una vez, “es una curva de huevos”, cierto, si la haces muy lento, encaras la recta de meta demasiado despacio y a mitad de adelantan y si la haces demasiado rápido, no hay escapatoria, te ostias contra los neumáticos del exterior.
En este punto, habiendo salido de la curva, comienza el momento de los valientes, aprietas el acelerador a fondo, notas como el motor ruge, 6.000 RPMs, 7.000 RPMs, 8.000 RPMs, 10.000 RPMs, sin levantar el pie, haces una pequeña curva que hay en el centro de la recta, 12.000 RPMs, dejando muy cerca los neumáticos interiores, pasas por las gradas y por el taller, 14.000 RPMs. Cuando hay gente en las gradas, esperando para correr en alquiler, puedes sentir sus ojos clavados y en ese momento, te sientes como Michael Schumacher, cruzando la línea de meta de Monza, jaleado por miles de tiffosis. Pero la gloria es efímera, y segundos después, la recta de meta, que antes parecía interminable, toca a su fin como lo hace el verano en septiembre y nos espera, impaciente, una curva de derechas que comienza abierta, pero que termina cerrándose completamente para salir paralela a la recta de meta. ¿Dónde frenar?, personalmente, cuando paso la línea de meta a unas 16.000 RPMs, es el momento de pensar en frenar (dependiendo de lo rumboso que te encuentres ese día, esperas unas décimas mas o menos antes de frenar) e intentar hacer la curva lo mas pegado posible al piano interior, ¡es un momento excitante!. Esa curva se suele hacer muy rápido y derrapando. Durante la primera mitad de la curva, hay dos cosas que hacer, intentas mantener el coche sobre el piano, compensado el derrapaje del eje trasero, con giros del volante hacia el exterior de la curva y sujetar todas las partes de tu cuerpo, que invariablemente intentarán salir hacia el exterior (agujetas en cuello y piernas está garantizadas) (demos gracias al inventor del costillar y del collarín),
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